ETIOPÍA TIMKAT 2010 – DÍA 16 DE ENERO
De buena mañana, hemos dejado el lodge para salir a buscar babuinos, acompañados por nuestros escoltas. Hemos disfrutado de unas magníficas vistas de estas mañanas, que con la primera luz de la mañana, recuerdan al Gran Cañon de Colorado. Tras la primera parada, hemos encontrado un grupo de babuinos Gelada, endémicos en Etiopía. Generalmente, bajan por los acantilados al caer el sol en busca de seguridad para las crías y a primera hora del día, regresan a las llanuras. Mientras tomábamos fotos a una distancia de seguridad, un par de pastores de 8 a 10 años se nos han acercado curiosos. Nuestras tres santas, Pepita, Montse y Dolors han aprovechado para darles alguna ropa de su talla que llevábamos en nuestro equipaje. La sorpresa para ellos ha sido tal, que uno, incluso ha dejado caer el bastón que sujetaba. En pocos días empieza el Timkat y en esa fecha, tal como ocurre en España el domingo de Ramos, todo el mundo tiene que estrenar ropa o vestir sus mejores galas. En este caso, ellos estrenarán ropa nueva y estaban como locos de contentos por los obsequios que les habían hecho esos “farangi” (nombre que recibimos los extranjeros).


Tras esa emotiva charla con los chicos, regresamos de nuevo hacia Debark. Hoy es día de mercado y dado que nuestro vehículo pinchó una rueda ayer y hoy tenemos que acometer la travesía completa de las montañas hasta Axum, hemos aprovechado para dar una vuelta por el mismo, mientras nuestro conductor reparaba la rueda.
A diferencia de cualquier otro mercado donde la actividad empieza a las 6 o 7 de la mañana, en Etiopía el horario de máxima afluencia es entre 12 y 3 de la tarde. No obstante, desde las 5 de la mañana pueden verse multitudes de personas caminando por la carretera y por numerosos caminos en dirección a la ciudad donde se celebre mercado. Es una auténtica procesión, espectacular de ver. Dado que hemos parado alrededor de las 10 todavía el mercado no estaba en pleno apogeo, pero hemos podido observar algunas de las paradas más habituales en los mercados etíopes como las de guindillas secas, las de teff (cereal parecido al mijo con el que se elabora la enjera, especie de crepe ácida que es la base de su alimentación) o las de utensilios para cocinar, pero también muchos se han sorprendido al ver la zona del mercado dedicada a los cosedores, que con sus máquinas realizan ropas a medida, con las planchadoras que siguen utilizando sus planchas de carbón o con las paradas de venta de excrementos de vaca secos que sirven como combustible para calentar las casas. Todos han coincidido en que las imágenes que allí hemos visto realmente nos hacen dudar de encontrarnos en el siglo XXI.

Tras tomar un delicioso café etíope, hemos tomado la carretera que inicia la travesía de las montañas hacia Axum. Una primera parada nos ha permitido la visión de la bajada espectacular que tiene la carretera desde Debark. Las vistas de esta zona realmente nos recuerdan al Gran Cañón del Colorado, pero en una dimensión aún mayor que la de aquel. Estos paisajes magníficos, nos acompañarán hasta casi caer la tarde.
En el descenso, nos hemos detenido en una pequeña escuela rural. A pesar de que es sábado, los profesores se encuentran allí y los niños nos acompañan encantados hacia la escuela. Algunas profesoras me recuerdan de años anteriores puesto que es uno de los lugares donde solemos realizar entregas de material escolar. Hoy les hemos dejado libretas, bolígrafos, lápices, rotuladores florescentes, …. que para ellos son un auténtico tesoro pues si bien el gobierno realiza escuelas, en muchos casos no entrega material alguno. Por ese motivo, siempre es aconsejable llevar este tipo de ayuda y en este viaje todos los compañeros han cargado con una cantidad considerable de estos artículos. Hemos visitado las clases, y ya veréis las fotos, nos hemos acordado de las pizarras interactivas, los ordenadores, los pupitres individuales y otros lujos de los que los niños pueden disponer en las escuelas de nuestro país. Aquí un simple bolígrafo es exprimido hasta la última gota de tinta y se conserva como la más valiosa de las posesiones. Es sencillo ver caminar a los niños por las carreteras en dirección o de vuelta de un colegio que puede estar a 2 o 3 horas de sus casas. Realmente, ese esfuerzo debe tener recompensa y muestra que muchos de estos niños luchan para intentar buscar un futuro mejor.
Hemos dejado todo el material en la sala de dirección, que tiene esa función además de sala de profesores, almacén y demás utilidades que podáis imaginar. Olvidaba decir que hablamos de un espacio de unos 6 metros cuadrados. Cómo nos hemos acordado de nuestra amiga Trini o de las instalaciones del colegio al que asiste nuestra hija Ainna !.


Los niños se han acercado también para ver la entrega de material y tomar fotografías con nosotros. Uno de los profesores y algunos de los niños han comenzado a juguetear con una pelota de volley y Negusu, nuestro guía y yo hemos acabado siendo los protagonistas del juego pues todos querían tirar la pelota al “farangi”. Os aseguro que no es fácil jugar a volley a 3.000 metros pero hemos pasado un rato entretenido. Preguntándoles al respecto del porqué esa pelota y no una de fútbol, nos han indicado que es la única que tienen en el pueblo y la guardan en la escuela. Para el próximo viaje, ya he tomado nota que hay que traerles algún balón, aunque aquí hay que correr colina abajo a recogerlo cuando se marcha.
En la colina donde se encuentra la escuela hemos fotografiado la inscripción que reza “Bienvenidos a estudiar” realizada con la bandera etíope y que es visible a larga distancia.
De regreso a la carretera, medio pueblo, adultos incluidos nos han agradecido la visita y la donación. Incluso uno de los abuelos del pueblo nos ha recordado que estuvo colaborando en su juventud con los italianos durante su ocupación (no conquista) a finales de los años 30 del siglo XX.
La carretera sigue subiendo y bajando por las montañas entre bellos paisajes y bastante polvo, pues siempre es de tierra, hasta que finalmente nos deja en un pequeño pueblo, donde hoy también se celebra el mercado. Dado que en esta ruta no hay lugares demasiado adecuados para que coman los occidentales, lo que solemos realizar es un picnic. Los huevos cocidos y las patatas hervidas no han tenido éxito ante el jamón, la longaniza, el chorizo y el queso que entre todos hemos aportado. Los tiernos bollitos etíopes nos han permitido improvisar una deliciosa comida que hemos acompañado por bebidas frescas y un aromático café en el sencillo bar que hemos ocupado para realizarlo.
La tarde ha comenzado nuevamente con el sube y baja de montañas entre paisajes espectaculares hasta llegar a un pequeño núcleo habitado junto al río en la zona del llamado desierto de Tekeze. A muchos kilómetros de un núcleo civilizado se encuentran estas casitas, más que humildes. Allí hemos realizado una nueva donación de ropa, en este caso para niños mayores de 2 años. La hemos entregado a una señora a quien suelo dejarle este tipo de cosas cuando paso por allí. Tiene 3 hijos y las paredes de ramas y el techo de uralita de los 6 metros cuadrados en que viven, impresionan a cualquiera. Todo el pueblo se ha concentrado allí para buscar si podían conseguir algo para sus hij@s. Ropas de los nietos de Montse y Pepi así como ropa y calzado de Ainna se ha extendido sobre la simple cama de bambú sobre la que duerme la familia. Ante la gran cantidad de material y puesto que la propietaria no quería enemistarse con ninguna vecina en el reparto, se ha encargado a uno de los jóvenes del pueblo esa misión. La cara de felicidad de los niñ@s al salir de la casa con algunas ropas era indescriptible. Las 3 santas han intentado repartir algunos caramelos, coleteros y pinzas para el pelo entre los niños de una forma ordenada, pero ha sido imposible, por lo que para evitar que alguno se hiciera daño hemos decidido cancelar el reparto. A pesar de ello, hemos continuado camino viendo que habíamos podido aportarles algunas ropas y calzado que podrían ayudarles con las frías temperaturas que aquí suelen tener.


La pista ha transformado el polvo blanco en rojo hasta la llegada a Inda Silasie, donde nos hemos detenido para tomar una bebida fresca y comprobar que ya hemos dejado atrás las montañas. Ya nos faltan los últimos 60 km para llegar a Axum.
Tras un tramo de 20 km maravillosamente asfaltados, encontramos un desvío que nos lleva por una pista infernal paralela a la nueva carretera que se está construyendo. En los primeros kilómetros veíamos a los ingenieros chinos supervisando la obra mientras nosotros recibíamos un masaje africano © Montse Edo. Al caer la noche, ya dudábamos de la carretera pues hay que decir que en Etiopía no hay luces que las iluminen, pero si muchas personas que caminan sin ellas y numerosos desvíos sin señalizar. Una aventura que nos ha llevado finalmente a la capital del antiguo imperio axumita, Axum.
Varios grupos hemos llegado a la vez al hotel tras este último tramo incómodo y dado que todos necesitábamos una ducha urgente, hemos podido experimentar por primera vez alguna de las incomodidades habituales en el país: la falta de presión y caudal de agua. Los que se ducharon antes de la cena lo hicieron con un chorrito ínfimo de agua fría, y en cambio, los que lo hicieron tras la ducha disfrutaron de una ducha caliente y abundante.
Ha sido un día intenso, emotivo y cansado en este tramo final por lo que aprovecharemos para descansar ya que mañana tenemos que conocer el campo de estelas de Axum y su basílica de Sion Maryam, junto a la cual se encuentra la capilla donde se supone está el arca de la alianza.
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