ETIOPÍA TIMKAT 2010 – DÍA 17 DE ENERO
Tras nuestro desayuno, hemos gozado con las vistas que la terraza de nuestro hotel ofrece sobre el campo de estelas y Sion Maryam.
Negusu ha llegado con la noticia que el vuelo a Lalibela que teníamos previsto para las 13:50 se había adelantado a las 11:20 y la compañía acababa de llamarlo para informarle. En este país los adelantos y atrasos en los vuelos están a la orden del día. En este caso, esto nos ha obligado a concentrar nuestro programa. Rápidamente, hemos visto los antiguos baños de la Reina de Saba y nos hemos dirigido al campo de estelas u obeliscos, dejando encargado a nuestro conductor que recogiera, durante nuestra visita, las maletas del hotel. Hemos accedido al monumental campo de estelas funerarias, completamente restaurado del año 2009 (ó 2001 para los etíopes, pues recordemos que aquí siguen el calendario juliano). Una de las estelas que preside el campo, de 24 metros de altura, fue regresada a Axum por los italianos en el año 2005, tras su robo en el año 1937, y en una operación espectacular fue colocada de nuevo en su lugar. Hoy, los protagonistas en el recinto eran una pareja de novios que estaban haciendo aquí su reportaje nupcial junto con su cortejo de honor. Lógicamente, les hemos tomado centenares de fotos. Tras visitar el museo donde se explican de forma detallada los hallazgos de épocas pre-axumitas, axumitas y post-axumitas, hemos cruzado para visitar Sion Maryam. El antiguo templo existente con este nombre fue destruido por orden de la Reina Gudith y se construyó un templo en la vecindad junto al que se han coronado todos los reyes etíopes y al que las mujeres tienen prohibido el acceso. La razón es que debido a que fue Gudith quien ordenó la destrucción de esta y otras muchas iglesias se consideró a las mujeres como impuras y peligrosas. El emperador Heile Selassie ordenó la construcción de un moderno templo al que estuviera permitida la entrada de ambos sexos. A este hemos accedido y hemos podido comprobar la belleza de las pinturas que decoran una Bíblia a la que los expertos calculan unos 1000 años de antiguedad. Al salir, las mujeres han ido a visitar el museo, donde se encuentran bellísimas y valiosísimas coronas, mantos y otros objetos religiosos, mientras los hombres hemos ido a conocer el interior de la antigua Sion Maryam. En el medio de la moderna y la antigua, se encuentra la capilla donde la tradición sitúa el Arca de la Alianza, traída por Menelik I desde Jerusalén. Un único guardia puede velarla y debe pasar su vida en el interior de esa capilla y el pequeño jardincito que la rodea. Nadie más tiene autorizado verla. La tradición indica que fué Menelik I, hijo de la Reina de Saba y el rey Salomón quien la trajo tras ir, ya con 18 años, a Jerusalén a conocer a su padre, quien se la regaló. A lo largo de la historia, en numerosas ocasiones, han intentado destruirla y robarla, por lo que se mantuvo oculta durante largo tiempo para estar protegida. Son muchas las referencias en la historia etíope, en los libros religiosos y en las pinturas que adornan las iglesias del país, que nos llevan a pensar, que tal vez, la tradición o leyenda, pueda ser verdadera. En los monasterios e iglesias etíopes siempre ha existido una réplica del Arca (tabot) que se encuentra en la parte interior completamente protegida de las miradas de fieles y, actualmente, turistas. Únicamente en las grandes celebraciones, como el Timkat o Epifanía, salen al exterior colocados en la cabeza de un sacerdote sobre un manto y cubiertos por otro bellamente bordado.
Estas visitas son las principales en la ciudad y por ese motivo han sido consideradas como Patrimonio Cultural por la UNESCO. Nos hubiera gustado visitar algunos de los restantes recintos arqueológicos que tiene la ciudad, pero el cambio aéreo nos lo ha impedido.
Al llegar al aeropuerto, hemos facturado el equipaje y nos han hecho acceder a la sala de embarque. Mientras esperábamos allí la llegada del Fokker que debía conducirnos a Lalibela, un delicado aroma de café recién hecho nos ha invadido la sala de embarque. Dado que estamos en Etiopía y la gente es muy cordial, hemos pedido autorización para que por encima de las máquinas de control y seguridad nos pasaran unos cafés. Realmente, un lujo!
El vuelo de 40 minutos nos ha llevado sobre las montañas hacia la ciudad más famosa del país, Lalibela. A pesar de ser el centro turístico más importante y conocido, y también Patrimonio reconocido por UNESCO, es uno de los lugares más pobres del norte del país.
A la llegada, hemos remontado desde el valle la montaña donde se encuentra la ciudad. Los compañeros realmente se han sorprendido al ver la sencillez de las casas y sus habitantes mientras cruzábamos la gran avenida que lleva de la parte alta a la baja de la ciudad, donde se encuentra nuestro hotel. Este es también el recorrido que seguirán mañana las comitivas del Timkat, y que permanecerá toda la noche en una gran esplanada frente a nuestro hotel.
En esta comunidad rural, cuento con buenos amigos a los que aprovecharé para saludar en estos días. Uno de ellos, Kasahun, me espera a la llegada con un ramo de flores para Dolors. Nos une una buena amistad pues le he ayudado en numerosas ocasiones, especialmente después que, por problemas económicos familiares, tuviera que dejar sus estudios universitarios. Ahora regenta un pequeño comercio vecino al hotel Greenland, en el norte de la población y ayuda a la economía familiar sustentando a su madre y hermana. Uno de estos días estamos invitados por su madre a su casa para realizar la ceremonia del café, una de las celebraciones más importantes para los etíopes.
Tras acomodarnos y almorzar, hemos salido para aprovechar el adelanto del vuelo. En Lalibela encontramos once iglesias divididas en dos grupos de cinco por el río Jordan. No habéis sumado mal, no, la onceava es la más famosa de todas, San Giorgis, que se encuentra separada de las demás, cerca del Jordan. Aquellos aficionados a la geografía estaréis pensando como es posible que el Jordan pase por Lalibela cuando en realidad cruza el fértil valle entre Palestina, Israel y Jordania. En realidad es un simbolismo como otros muchos que encontraremos en esta población. Su fundador, el Rey Lalibela, quiso construir una segunda Jerusalén aquí por lo que las iglesias están rodeadas por el Jordán, el Monte Ararat y otros lugares bíblicos. Su construcción se realizó según la tradición en menos de 25 años, pues el rey Lalibela fue ayudado en las noches por los ángeles. Al menos, es lo que se cuenta aquí. Algunos historiadores explican que el rey disponía de un gran ejército de esclavos que ayudaron en la construcción.
En el total del conjunto distinguimos tres tipos distintos de iglesias según su construcción: excavadas, monolíticamente excavadas y semi-excavadas. Debemos tener en cuenta que toda la zona está construida sobre roca granítica rosada por lo que nos maravillará descubrir estos conjuntos arqueológicos.
Comenzamos con la visita al primer grupo de iglesias, las que simbolizan el Jerusalén terrenal . La primera impresión que cualquier turista tiene al comenzar la visita es negativa, pues las primeras iglesias se encuentran cubiertas por unos grandes techos metálicos sustentados en grandes patas también metálicas. El proyecto original, que se incluía en la partida que el gobierno italiano ofreció como compensación histórica a los etíopes, era muy diferente al actual y permitía la conservación pero también una amplia visibilidad del conjunto. Actualmente tendréis que buscar algunos puntos elevados y disponer de un buen angular para evitar estas partes metálicas, al menos, hasta que las gestiones de UNESCO hagan que se vuelva al proyecto original.
Tras una pequeña bajada, comenzamos el recorrido rodeando la iglesia de Bete Medahne Alem que nos permite ver la primera de estilo monolíticamente excavada. Estas fueron excavadas de arriba abajo por los laterales y posteriormente vaciadas en su parte interior hasta quedar en la forma en que podemos verlas actualmente. Teniendo en cuenta la dureza de estas rocas, un trabajo excelente. En el interior de la mayoría de las iglesias no encontraremos grandes pinturas como las que vimos por ejemplo en el Lago Tana, sino que observaremos con detalle su arquitectura y tendremos también la posibilidad de ver las bellas cruces procesionales que los sacerdotes muestran a los turistas (es aconsejable dejarles unos bihrs). Recordad que como siempre en Etiopía, es obligatorio descalzarse antes de entrar en las iglesias. En este caso caminaremos sobre el suelo de roca. Por los zapatos, no debemos preocuparnos, pues hay chicos a los que una vez finalizados sus estudios primarios, el municipio les concede una licencia para ayudar a los turistas. De esta forma, ellos velan por nuestro calzado durante nuestras visitas a los dos grupos de iglesias y se encargan de ayudarnos incluso a calzarnos si tenemos alguna dificultad. Al finalizar el servicio les daremos una pequeña bonificación por su servicio.
Tras la primera visita, pasamos al interior de un amplio patio en cuyo centro se encuentra Bete Maryam y en sus laterales dos iglesias excavadas en la roca, Bete Meskel y Bete Denaghel. Vemos en un rincón de este patio la piscina que había sido utilizada por las parturientas locales hasta hace pocos años y accedemos al interior de la pequeña Bete Meskel donde su sacerdote nos muestra la bella cruz que posee. El rey Lalibela regaló a cada una de las iglesias una cruz propia. Al final del recorrido podremos opinar cual es la más bella para cada uno de nosotros, pero la mayoría solemos coincidir sobre la de Lalibela y San Giorgis (San Jorge o San Jordi). Al salir, cruzamos descalzos el patio para visitar el interior de una de las dos excavadas en doble piso y que conserva perfectamente las pinturas en su interior, Bete Maryam. No podemos utilizar el flash para no dañar las bellísimas pinturas que conserva en su interior. En algunos casos son motivos religiosos y en otros simples pero bellas decoraciones geométricas.
Salimos por el otro costado de la iglesia hacia una nueva iglesia excavada en la roca, Bete Denaghel. Su construcción nos muestra perfectamente como vaciaron la roca para construir la iglesia en su interior. Tras contemplar su cruz, nos calzamos nuevamente y por un estrecho desfiladero excavado en la roca llegamos a Bete Golgotta. En su interior hay una parte visitable por ambos sexos y otra, donde se encuentra la tumba del Rey Lalibela, accesible tan sólo a los hombres. Según cuenta la tradición, el rey Lalibela prohibió el acceso a su tumba una vez fuera enterrado a todas las mujeres debido a que su propia hermana intentó en diversas ocasiones envenenarlo. Hoy día, ante la avalancha de turistas y locales que querían tocar la tumba, esta ha sido tapado con un grueso cortinaje y tan solo se permite vislumbrarla durante unos segundos.
Bajando nuevamente al desfiladero se llega al lugar simbólico que se considera como la Tumba de Adán y allí ya nos encontramos a la salida del primer grupo de iglesias. Para dirigirnos a San Giorgis cruzamos junto a algunas casitas Tikal (las habituales de doble piso en Lalibela) y emprendemos el descenso.
A la llegada a San Giorgis descubrimos que se está celebrando una boda tradicional, lo que nos hace olvidar la bajada y … que después deberemos subirla! Los sacerdotes y los músicos se reparten en dos de los costados de las rocas laterales en que está excavada la iglesia teniendo en el centro a los novios y entonan animadas canciones. Tras gozar con esta visión tomamos también algunas fotografías desde esta parte superior del acantilado, situado a unos 15 metros por encima de la puerta de la iglesia. Por un estrecho desfiladero bajamos hasta la iglesia y aprovechamos los últimos minutos antes del cierre (17 horas) para ver su interior, con una curiosa caja fuerte utilizada antaño para el transporte del material real y, sobretodo, maravillarnos con la cruz procesional de San Giorgis.
A la salida, nos sorprende una nueva boda, que además realiza su banquete nupcial alrededor de un imponente árbol situado en la explanada superior. Aprovechamos para fotografiar los bailes que realizan alrededor de los novios y somos invitados a participar. Josep María baila con ellos, Domenech acepta el ofrecimiento de un pedazo de enjera, todos somos invitados a palomitas (una de los platos habituales de los banquetes etíopes). Mientras Dolors reparte pinzas y coleteros a diestro y siniestro, Montse decide que hay que obsequiar a la novia y le hace entrega de unas toallitas perfumadas en colonia. A los pocos minutos, uno de los sacerdotes ante la curiosidad de la novia por el regalo me pregunta si puedo explicarle para que sirven. Dado que la palabra perfume es prácticamente desconocida para ellos y su uso también, le indico que es para que la novia se la pase por el cuerpo en su noche de bodas. Puede ser que mañana nos busquen para darnos las gracias o para pedirnos responsabilidades! Pero os aseguro que la intención de Montse era buenísima.
Los compañeros nos han pedido si podían visitar el pequeño negocio de Kasahun ya que le habían visto a la llegada y conocían su historia personal. Nos hemos acercado a ver las cruces procesionales de metal, madera, biblias antiguas, …. que tiene en un espacio de 4 metros cuadrados. Las paredes son de adobe y la decoración es una tela roja de un metro de ancho que rodea tres de las paredes y permite que los objetos luzcan algo mejor. Este sistema se lo recomendé hace tiempo y ahora parece que está de moda en Lalibela pues muchos comerciantes lo han adoptado.
Tras las intensas emociones vividas hemos regresado al hotel para tomar una reconfortante ducha y cenar a continuación. Las chicas, evidentemente, han visitado la tienda del hotel curioseando las piezas de artesanía y, han paseado por las tiendas situadas frente al hotel.
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